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Cómo cambiar mis hábitos

¡Cuántas veces escuchamos hablar de los hábitos! Estamos tan saturados y a veces tan aburridos, que ya lo escuchamos, como si escucháramos llover. Y es que no sé si te ha pasado a ti, pero en muchas ocasiones por más que intentamos cambiar algún que otro hábito de nuestras vidas, al final no duramos ni un asalto y volvemos a los hábitos de siempre. Y nos damos por vencidos y pensamos: “quizá algún día por arte de magia algo cambiará”, “ahora no es mi momento”, “quizá cuando me encuentre más motivada”, “ahora es que no tengo tiempo para nada”, “yo es que no soy constante”, “yo es que soy muy perezoso”, etc.

Pero hoy es el día en el que ya no dejarás más en manos del universo el hecho de cambiar tus hábitos, hoy ya se han evaporado las excusas de yo no soy constante. Pasamos del “ahora no es mi momento” a “el momento es AHORA” o “el momento es cuando YO LO DECIDA”.

Y te preguntarás: ¿Y qué cambia a partir de ahora Cristina? Pues lo que cambia es que a partir de ahora vas a saber cómo funcionan los hábitos (porque lo aprenderás en este post) para utilizarlo a tu favor y así poder cambiar todos los hábitos que quieras de una vez por todas. ¡Comenzamos!

Que conste que toda la información que procedo a explicar la podéis encontrar en el siguiente libro: El poder de los hábitos de Charles Duhigg.

  • ¿Qué son los hábitos? Son las elecciones que todos hacemos de forma deliberada en algún momento y en las que luego dejamos de pensar, pero seguimos haciendo, muchas veces a diario.

 En algún momento, todos decidimos qué comer, cuánto comer, en qué concentrarnos al llegar al trabajo, con cuánta frecuencia hacemos ejercicio o con cuánta frecuencia vemos series en Netflix o HBO. Pero luego dejamos de tomar la decisión de forma consciente y nuestro comportamiento se vuelve automático. Es una consecuencia neurológica natural. Y si entendemos cómo ocurre, podemos reconstruir esos patrones de la forma en que nosotros queramos.

 

Pensarás a veces que eres un poco perezos@, pero tu cerebro lo es más. De hecho, según los científicos, los hábitos surgen porque el cerebro está constantemente buscando la forma de esforzarse menos. Si se le deja a su suerte, el cerebro intentará a toda costa convertir cualquier rutina en hábito, ya que los hábitos permiten al cerebro descansar con más frecuencia, y así podrá ahorrar energía, lo que es una gran ventaja.

 

  • El bucle del hábito. Para que entiendas mejor el hábito lo vamos a dividir en tres pasos. (Y a partir de ahora quiero que nunca lo olvides):

 

  1. La señal. El detonante que le indica al cerebro que puede poner el piloto automático y le dice qué hábito usar.
  2. La rutina. Puede ser física, mental o emotiva.
  3. La recompensa. Ayuda al cerebro a descifrar si vale la pena recordar este bucle en particular en el futuro.

Con el tiempo, este bucle- señal, rutina, recompensa; señal, rutina, recompensa- se vuelve cada vez más automático. Y algo que debes de tener en cuenta y que es bastante importante es que la señal y la recompensa cada vez estarán más vinculadas y surgirá algo esencial:  una potente sensación de ansia y de anhelo.

Os pongo un ejemplo de un hábito que yo adquirí y que ya he conseguido dejar. Cada vez que terminaba de comer, aunque estuviera llena y no tuviera motivación hacia la comida, siempre terminaba comiendo tres pastillas de chocolate.

Divido mi antiguo hábito en términos de bucle:

  1. Señal: para mí la señal era “terminar de almorzar”. Y lo relacionaba con el contexto de mi casa, porque en otros lugares no me pasaba cuando terminaba de comer.
  2. Rutina: iba al tercer cajón una vez que había terminado (aunque en el fondo ni me apeteciera) y cogía tres pastillas de chocolate y me las zampaba más a gusto que un arbusto.
  3. Recompensa: comer el chocolate que tanto me encanta. Y al mismo tiempo calmaba el ansia que tenía porque lo había convertido en un hábito.

Yo, por ejemplo, me daba cuenta de que sentía una ansia que no entendía. Me resultaba difícil de entender, porque ya estaba saciada de haber comido. Con el tiempo me di cuenta de que solo dependía de mí cambiarlo. Cada vez que me entraban ganas lo evitaba y razonaba pensando que no era el momento de comer chocolate, y que no era necesario comer chocolate cada día.

También hay que tener en cuenta que, aunque es posible ignorar, cambiar, remplazar o combatir los hábitos de forma deliberada, los hábitos nunca desaparecen del todo. Se quedan codificados en las estructuras del cerebro. Aunque en realidad esto es una ventaja, porque si no imagínate que estás un tiempo sin conducir tu coche, y tienes que volver a aprender a conducir.

Es por esto que nos cuesta tanto cambiar los malos hábitos por otros que nos beneficien. No obstante, siguiendo la misma regla, si aprendemos a crear nuevas rutinas neurológicas que nublen los comportamientos que queremos eliminar, tomaremos el control del bucle de los hábitos.

Si quieres comenzar a hacer ejercicio, por ejemplo, o llevar a cabo cualquier otro hábito, es importante que te centres en la señal y en la recompensa, y, sobre todo, en que esa recompensa te acabe creando esa ansia, para que se convierta en un bucle, y por tanto en un hábito.

Te propongo:

  • Hacer una lista de los hábitos que te gustaría desechar en tu vida y que analices las tres partes para que veas cómo funcionan para ti y así poder cambiarlos de forma consciente.

 

  • Realizar otra lista con los hábitos que te gustaría que formaran parte de tu día a día y que analices cómo podrías crear una señal, una rutina y una recompensa para cada uno. (Si te parece mucha tarea, escoge como mucho 2 ,3 o incluso 1). Recuerda que cambiar todos los hábitos de golpe va a saturar a tu cerebro el cual no quiere mucho esfuerzo porque gasta energía que necesita para otras cosas.

 

No olvides hacer hincapié en que la recompensa de los hábitos que quieres tener te cree la ansia suficiente, sé que soy pesada, pero es que quiero ayudarte a cambiar y me pongo en plan madre repitiendo las cosas.

Espero que el post de hoy te ayude ,una vez más, a crear la vida que deseas y mereces. Nos convertimos en lo que pensamos y hacemos cada día. Toma consciencia de tus hábitos y que tu cerebro perezoso no te juegue una mala pasada.

Gracias por leerme.

¡Hasta la próxima!

 

 

 

 

 

 

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